UN VIAJE A LA AUVERNIA

Una visita a Saler


    La primera noticia que tuve de la Auvernia como lugar de vacaciones fue un reportaje en la televisión sobre Saler.  Me encantó esta vieja villa, que debió haber sido señorial en lejanos tiempos.  No sabría explicar las razones por las que me gustó esta pequeña villa.  Tal vez su encanto radica en que todas sus casas están hechas con piedra volcánica.  Pues la región fue muy activa en vulcanismo hace unos cinco millones de años. 



Prados de Lioran
 
Nos paramos en la carretera para hacer esta foto.  Era asombroso ver un prado tan verde a finales de Agosto.


 
 Por el camino me fui quedado admirado de los bellos prados Lioran que se ven desde la carretera, a pesar de estar acabando el verano.  No sé muy bien por qué; pero uno se queda tan impresionado con estas cosas. 
  Probablemente se deba a que uno vive en una tierra donde los veranos dejan los prados secos como yesca.  De modo que solo puedes ver una tierra de color ocre o color de adobe, y más te parece un campo desolado en la Arabia Saudita que un prado.  Será por eso que estos prados de Lioran nos impresionaron tanto.

 Debe haber algo más que esa extensión de hierba en lo que ha visto el ojo.   Y, probablemente, eso es lo que te cautiva.
  

  Se me ocurre que si vives en una isla superpoblada... bueno pues esto es pura relajación.  Y este debe ser el motivo secreto de nuestro asombro.  En toda esa maravillosa extensión de pastos, apenas puedes ver una casa. 
  El camino se nos hizo algo largo, pues la carretera va serpenteando entre las Montañas del parque natural de Cantal.  Durante diez o veinte kilómetros la carretera bordea un río truchero. Por aqui o por allá, puedes ver la caravana de algún pescador.  Mi preocupación por no extraviarme en el laberinto de carreteras vecinales, me hace parar con alguna frecuencia para mirar el mapa.  Hay muchas carreteras de poca categoría y necesitas un mapa concreto de la región.  Pero mi mapa de Francia, de Michelin, consigue sacarnos de apuros.

 Camino de Saler, pasamos por Aurillac.  Pero esta ciudad, vista desde la carretera general, nos parece algo fea.  Tal vez tenga sus encantos ocultos púdicamente a los ojos lujuriosos de domingueros y turistas. Me pareció que era una ciudad industriosa, y ese podía ser el origen de su pecado.  El viajero desea contemplar bellezas virginales y rústicas, no desarrollos industriales.

  Saler dispone de un amplio aparcamiento justo al lado de la carretera.   Me sentí agradecido por esta previsión.      

Casa en Saler

Al poco de llegar a Saler te encuentras con esta casa de aire vagamente moderno, convertida en restaurante.  Hemos llegado fuera de temporada por lo que no se ven clientes.  

Entrada de Saler

Al subir al pueblo me impresionó esa yedra.

Una calle

Dando vueltas y admirando esos muros de piedra.

  La villa me pareció hermosa y bien maquillada.  Estaba allí de pie luciendo sus encantos con una sonrisa, y esperando clientes. 
 Yo estaba dispuesto
a dejarme impresionar por su belleza.  Esta debe ser la condición esencial del viajero; dejarse seducir por las bellezas que te encuentras en el camino.
  Por una vez, me siento carente de escepticismo. Voy andando como un perfecto turista y llevo los ojos abiertos como platos.

  Vamos dando vueltas y más vueltas como concienzudos turistas que no desean perderse ni un rincón.  Pero me parecen calles fosilizadas  de un mundo casi extinto como el de Pompeya.  Cualquier cosa nos deja con la boca abierta y nos paramos a hacer fotos.
  Traté de imaginarme como puso ser la vida en otros tiempos en esta ciudad.  Nada fácil, seguramente.

   Imaginé la dureza de la vida de un hombre corriente.  La dureza de la servidumbre, la crueldad de los pequeños señores y propietarios agrícolas. ¿Un ama podría ser más dura?   Tenía que  compensar un rango social inferior.    

  

  La foto de este lado tiene un cartel donde dice que fue "Casa de los Templarios". Me dejé dominar por mi espíritu escéptico y no me creí esta historia.    Le hago una foto a la fachada que como ven resulta muy linda.
  La visita vale doce o quince Euros y la compro.  Pero no puedo resistir la tentación de preguntar a la muchacha que me vendió las entradas, "Est ce vrai? Était elle une maison des templiers, or c'est plutôt un beau nom pour attraper des tourists?"
  Ella me sonrió con malicia y me dijo:  "C'est pas une vrai maison des templiers. Leur dernier usage était une ecole por demoiselles."       

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Une école de demosilles?  Quand étai ça? 
--A la fin du dix-neuviéme siecle et commencent vingtiéme



La casa de los Templarios

  Visitamos la casa con gran curiosidad y devoción.  Yo trataba de percibir la presencia de espíritus maléficos flotando entre aquellas paredes, pero el lugar estaba perfectamente saneado.  No sentí el menor rastro de una presencia doliente.  Tal vez se debiera al tiempo tan excelente que teníamos.  Un sol radiante sin una sola nube en el cielo puede ahuyentar a los espíritus más recalcitrantes.  Sus angustias no pueden impresionar a nadie con este tiempo veraniego.

  Yo ya estaba cansado de tanto dar vueltas, pero la mujer no quería perderse ni un ricón.  Claro que ella flipa mucho más que yo con las viejas casas de piedra. 
   No puedo identificar esta calle.  Tendría que mirar el mapa de la ciudad, pues me encanta coleccionar mapas de los sitios que visito.  El cartel verde en lo alto dice CHAMBRE D'HOTEL

  Estas calles empedradas tienen un encanto indudable.  Pero esta calle empinada me hizo resoplar como el fuelle de una fragua.   Me hizo pensar sobre mi mal forma física y los niveles altos de colesterol.    

   El caso es que con la comida típica de aquí, la "troufade" a base de patatas cocidas en queso   me parece que voy a aumentar varios kilos de peso.


  La foto de aquí arriba está tomada en el mismo lugar que la foto de la derecha.  Solo había que subir esa escalera y ahí estaba la casa d elos templarios.
  Traté de imaginarme esta escalera en uno de esos días lluviosos.  Y pude ver el agua corriendo a raudales por esta escalera de un modo y incontenible. 
   No solo estaba muy cansado, creo que estaba hambriento.  Necesitaba descansar, tomarme una cerveza y tomar alguna muestra de comida.  Realmente, más bien tenía deseos de descanso que hambre verdadera.  Todo este viaje estuve padeciendo algo de gastritis.  Sentía el estómago siempre lleno; desde la mañana a la noche.  La idea de comer se me estaba haciendo una pesadilla.  Por este motivo, no acabo de comprender de donde sacaba el entusiasmo que sentía por este país.




  Mi mujer estaba tan excitada con esta visita que no se acordaba de comer.
   Son muchas las vueltas que dí y mucho era mi cansancio.   A pesar de todo saqué muchas fotos, pero no puedo ponerlas todas en esta página, pues se tardaría mucho en descargarla.  Tampoco quiero reducirlas mucho, pues pierden su encanto.

  Prado de Saler

Vista de un prado, desde un alto en Saler

  
  Me di cuenta de que no había un sitio para comer.  Ya era cosa de las tres menos cuarto.
  
Por fin encontramos un lugar con mesas donde unos pocos turistas tomando algún refresco.
 
No había comida, así que tomamos unas cervezas y dos pasteles.  Tal vez este fuera un día de esos en que no se trabaja.  "Jour de repos", imagino que se dice.
  
 

   Al acabar de tomar la cerveza, nos acercamos a un muro bajo de piedra y nos quedamos asombrados al ver este prado tan lindo y soleado.

 
  Después de descansar un rato decidimos volver al albergue de Margot, por un camino diferente. No era fácil orientarse de modo que me despisté y me perdí un poco por un valle cercano.  Al cabo de unos kilómetros tuvimos que dar la vuelta.  Ya en el camino correcto, en dirección al Puy Marie, nos dimos cuenta que la carretera era muy estrecha.  Es en este camino que vimos esta preciosidad de valle.  Mi mujer lo bautizó el Valle de Heidi.

     El valle de Heidi

El Valle de Heidi
Esta foto la puedes ver en alta resolución. 
Basta con hacer un click sobre la foto.

  Monte Pui MarieVista desde una ladera del Pui Marie. 

 
 La carretera se hizo tan estrecha que empecé a tener serias dudas sobre mi capacidad para conducir el coche por esta carretera si llegaba un auto en dirección contraria. Y llegó ese momento temido.   No era un auto, sino un camión, pero tuve suerte de que era pequeño.  Conseguí sacar el coche algo fuera de la parte asfaltada y el camión pasó sin problemas.   

   La carretera empezó bajar dando vueltas montaña abajo, rodeando las faldas del gran volcán llamado Pui Marie.  Al pie de este monte hay un mirador, pero la vista no me pareció especial, despues de ver otros paisajes más variados.  Este lado miraba al este y llegaba una brisa  bastante fresca pues el lugar está a mil doscientos metros, más o menos.

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