Tócale los preludios a Mister JohnsonYo soy de un familia muy afortunada de Mallorca. Bueno,
muy de
Mallorca tampoco somos, porque mi padre es de Teruel y mi madre de
Zaragoza. Ambos trabajaron duro en la hostelería, y a fuerza de
ahorros y privaciones sobre las cosas más banales de la vida,
hemos conseguido tener una casa muy coqueta con dos habitaciones
alquiladas a unos ingleses que regresan todos los años como las
golondrinas. En esta familia todos tenemos algo en común. Y es
que somos de la Iglesia de los Testigos de Jehová. Desde ahora
mismo les ruego que me perdonen por la cantidad de veces que nuestros
misioneros han ido de puerta en puerta dándoles la lata a
uestedes, los pobres infieles, aunque mejor me quedaría si
diría que van pregonando la palabra de Jehová. Una de las cosas que nos hace más interesantes es
que
estamos pues tan felices y esperamos como si tal cosa, la llegada del
Fin de Mundo. O sea, el Armagedom propiamente dicho, que así es
como le llaman los entendidos que somos nosotros. Con frecuencia, en invierno, viene a hospedarse en casa Mister Johnson de Newton Abbot, que eso queda por la parte de Devon. Según llegas al canal de la Mancha pues te queda como a mano izquierda. Mr. Johnson siempre viene echando pestes de la humedad de su tierra como si aquí no tuviéramos también la parte de humedad que nos toca como a todo el mundo. Le encantan los ventanales tan amplios que tenemos y dice que por ellos entra la gracia de Dios. Como la mayoría de los ingleses que nos visitan son paganos, o sea que no son de la verdadera iglesia de Dios, pues de cuando en cuando el supervisor viene con dimes y diretes a ver si nos saca algún dinero. Y añade que todo lo que le demos a Dios nos será devuelto al ciento por uno. Y dice que esto es mucho más interés de lo que ningún banco nos pueda pagar nunca. También dice que no nos conviene que acumulemos dinero ya que los hermanos murmuran de nosotros y dicen que somos ricos. La verdad sea dicha que tampoco le hacemos mucho caso a estas habladurías. Pero el supervisor es muy sabio porque siempre consigue que mi madre le dé algo de dinero al marcharse. Nosotros conocemos cuales son los gustos y caprichos de
Mister
Jonhson. Mi mamá le prepara el té al modo antiguo, como a
él gusta. Nada de usar esas horribles bolsitas, sino que se
monta todo un ritual muy meticuloso como si hubiera aprendido a hacer
el té en una escuela de geishas de Kyoto. A mister Johnson le
encantan también las galletas danesas de mantequilla. Se
repantinga en el sofá con delectación y separa las
rodillas discretamente. Entonces mi mamá le dice a mi hermana en
un tono cantarín. ¡Helena, querida!
¡Tócale los preludios a Mister Johnson! Y mi hermana, que
ya estaba esperando este momento de gloria, se pone muy contenta. Su
cara se ilumina con una luz celestial y parece un ángel venido
del cielo. Ella se pone en la posición correcta y le toca los
preludios a Mister Johnson. Y uno ve como el mister se va excitando con
la melodía y se queda como transpuesto o en trance. Y no es para
menos, porque conozco muy bien las virtudes de las manos de mi hermana.
Tiene los dedos suaves como la seda y la milagrosa propiedad de
tenerlos siempre calientes. Lo cual que es una gozada como bien se
pueden imaginar. Mientras ella va le tocando los preludios, Mister
Johnson se va quedando en trance y entornando los ojos. En algún
momento, cuando ocurre un silencio entre la melodía, me ha
parecido oír que emitía una especie de jadeo. Pero al
hacerlo de un modo muy discreto no he podido nunca estar seguro de este
detalle. Una de las cosas más encantadoras de mi casa,
aparte de
que mi hermana que toca muy bien el piano, es que somos cristianos de
la verdadera fe. O sea que otras personas no son felices porque no
viven en la verdadera fe como nosotros, ni tampoco tienen un piano y un
gato. Que esto ayuda mucho. La gracia de la verdadera fe es que cuando
llegue el fin del mundo, todos se van a fastidiar por infieles y se
quedarán en el infierno. Pero nosotros estaremos aquí en
la tierra disfrutando de la vida en calidad de bienaventurados. La
tierra se quedará sin polución y todos los animales se
volverán vegetarianos. Por eso el león pacerá
yerba junto a las gacelas y las ovejas. Y las serpientes venenosas ya
no picarán a nadie ni le inyectarán su veneno, sino que
comerán solo los frutos que se caigan de los árboles. Y
los adultos y los niños no envejeceremos nunca más, ni
los niños crecerán, sino que todos se quedarán tal
cual son de pequeños para siempre. Con lo cual seremos muy
felices. Imagínate a mamá por toda la eternidad
diciéndole a mi hermano pequeño de siete años,
¡David! Hazme el favor de quitarte el dedo de la nariz. Y mi
hermano va y se quita el dedo, pero al cabo de un rato, cuando ella no
mira, va y se mete otra vez el dedo en la nariz. Las muchachas se
pasarán la vida tonteando con los novios sin llegar nunca a
nada, no solo porque es pecado, sino por su falta de madurez y
decisión, ya que no crecerían nunca. Se pasarán la
vida en una eterna adolescencia. Y yo me veré a mí mismo
metiendo la mano en le bolsillo del pantalón y la cosa se me
pone… pues ya se imaginan como se me pone, porque ya tengo catorce
años, y así estaré por toda la eternidad.
Metiéndome la mano en el bolsillo. Y las mamás
entrometidas le dirán al niño pequeño,
¡Jacobo! ¡No te toques la cosa fea que luego va y te crece!
Y así recriminando a los niños por toda la eternidad. Y
como ya no envejecerán pues tampoco tendrían necesidad
ninguna de parir más hijos y así por los siglos de los
siglos. Y como al señor no le gusta nada que la gente ande
copulando al sol por los prados pues no sé como se las
arreglarán las parejas adultas y mucho menos las solteras. Creo
yo que el Señor, en su infinita sabiduría, les
dará como una hipnosis que les borrará la lujuria de la
cabeza. Que ésta debe ser una de esas cosas que le salieron mal
a Dios ya que justo después de haber inventado la lujuria
cambió de opinión y se ha pasado toda la historia de la
humanidad prohibiéndola con mucha perseverancia. A todo esto debo confesar que tenemos un pequeño
agujero en nuestra felicidad y es que nuestro padre se hizo
apóstata y ya no vive en casa. Yo no sé nada de esto
porque no he tenido oportunidad de preguntarle. Pero mi tío
Federico, que no es de nuestra misma fe, me dijo el otro día:
¿Tu padre? ¿Qué es qué? Y yo le digo "que
es apóstata". Y él me dice: No es apóstata ni
gaitas. Lo que pasa es que tu padre se lió con la secretaria,
que tiene veinte años menos. Por eso se fue de casa. |
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Mi primer libro: NIÑOS INTELIGENTES Y FELICES
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