FRAGMENTO
DE UNA NOVELA
VIDAS DIVERGENTES
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El bautizo de Liberata
Bueno,
pues llevaban allí un rato esperando cuando
apareció el
cura con todos sus
atavíos ceremoniales y un monaguillo.
Miró
con autoridad a los presentes, emitió
unas toses para pedir
atención y les dijo sin previo aviso:
-Nada
de ponerle a esta niña nombres compuestos de
María. La
gente se quedó muda por la sorpresa y los iluminó
diciendo: -Ya
hay demasiadas Marías en la parroquia. La
mudez de todos se hacía eterna. -La
niña llevará un nombre de acuerdo con el santoral
de este
día. De
modo que se llamará
Liberata que fue
virgen. Los
familiares protestaron en voz baja; pero lo hicieron sin mucho ardor,
pues no
se habían puesto de acuerdo para poner un nombre a la
niña. Viendo
las dudas, el cura
aprovechó la
ventaja y añadió: -Si
no les gusta el nombre de Liberata le podemos poner Prisca que fue
virgen y
mártir. -¡...! -Veo
que les parece un nombre raro. Hubo un
silencio macizo. Y
el cura
aprovechó
para seguir argumentando. -No
creo que les guste ponerle el nombre de alguno de los santos varones de
hoy. -¡...! -Tenemos
para elegir a Moseo y Amonio, que fueron soldados mártires. -¡...! -Otro
santo es Volusiano, que fue obispo. -¡...! -Tenemos
a Deícola, que fue abad. Se hizo
una pausa molesta. Al ver
el silencio provocado por sus palabras, el cura siguió
diciendo. -También
tenemos a Atenógenes, que fue mártir; o
si lo prefieren... El cura
hizo una pausa para reforzar el efecto. -Tenemos
a Leobardo el Emparedado. Santo
este
muy discreto, pero que tiene una merecida fama de milagroso. Cuando
los asistentes vieron las alternativas, aceptaron de buen grado la
inteligencia
del cura. No en
vano era un hombre de
carrera. Así
que se dieron cuenta
que
el nombre elegido, Liberata, era muy lindo y le quedaría muy
bien a la
criatura. Aunque
los parientes de la niña eran lentos pensando, se dieron
cuenta
que no le iría
bien a la criatura llamarse ni Mosea, ni Amonia.
Y
no digamos nada sobre eso de Atenógena o Leobarda. Ellos eran gente pobre,
pero tenían un
cierto sentido de la decencia. O
sea
que hacían lo posible para no llamar la atención
con
excentricidades. Y
tenían razón.
Con un nombre
tan raro de
esos, no sería de extrañar que la niña
acabara
tirándose a un pozo o le diera
por meterse a puta. Pero
mirando las
cosas desde otra perspectiva, un pobre santo de estos, con estos
nombres tan
raros, al tener poca clientela dispondrían de más
tiempo
para proteger la
virtud de la niña. De
modo que
hasta
podría inspirarla para meterse en un convento. Pero a
pesar de todas estas ayudas celestiales, imagino que una
niña
bautizada, con un
nombre de esos tan raros, terminaría por dejarse llevar de
los
consejos
vanidosos de las monjitas veteranas.
Quiero
decir que al hacer los votos, según dicta la
costumbre, cambiaría
su nombre, bastardo y primigenio, por otro mucho más noble y
sonoro; podría ser
un lindo ejemplo, Sor Inés de la Santísima Cruz. Con lo que las monjitas
mayores,
tendrían el placer de llamarla
Inesita, pues el nombre de Liberata tiene resonancias pecaminosas y
librepensadoras. Una vez
aclarado el detalle de los nombres, el cura pasó a ejecutar
la
ceremonia. Les
dieron a los parientes unos
cirios para
que los sostuvieran encendidos en la mano derecha.
Cirios que representan la luz de los evangelios que
iluminan las
almas de los creyentes. Luego,
un
monaguillo preguntó quien era padrino y se puso a su lado. El cura
empezó a decir unos latines:
- Credis in Deum Patrem
omnipotentem, El
monaguillo le dio un codazo al padrino y le dijo: -Tienes
que decir: credo. -¿El
qué? -Tienes
que decir, credo. -¿Cómo? -Que
lo digas, ¡caray! -¿El
que? -Que
digas la palabra “credo”. -Credo. El cura
hacía muecas de impaciencia pero siguió: -Credis
in
Creatorem coeli et terrae? -Di
credo. -Le
dijo el monaguillo. -Credo. - Credis in Iesum Christum? -Di
credo. -Repitió
el monaguillo. -Credo -¿Credis
in
Spiritum Sanctum? -Di credo, -le dijo el monaguillo. -Credo. -Liberata,
vis
baptizari? El
monaguillo le dio un
codazo al padrino y le dijo: -Debes decir, “volo”. -Vuelo. -Vuelo, no. Debes
decir “volo”. -Bolo. Entonces
el cura fue
derramando el agua bendita y recitando las palabras rituales: -Liberata, Ego te baptizo in
nomine Patris... et Filii... et Spiritus
Sancti. La
criatura se puso a
llorar, tal vez debido a la frigidez del agua, pues
estábamos en
mes de enero y
soplaba un viento húmedo del noroeste.
La
tierna criatura se
calmó enseguida pues se dio cuenta que los
espíritus del
mal salieron huyendo
de su cabeza tras el enfriamiento sufrido por la virtud de las aguas
bautismales. Así
que terminó la
ceremonia, el monaguillo apagó los cirios y el cura les dijo
a
los familiares
de la niña: Pasen
por la
sacristía para
escribir en el libro. El
cura anotó
en
el libro los nombres de la criatura, del padre, la madre, el padrino y
los
testigos. Estos
firmaron con un breve
garabato o una cruz y el cura les dijo:
“Pueden
marcharse”. No
estuve en el bautizo
de Liberata porque aún no había
nacido.
Pero así es como cuento esta historia.
Así es como me imagino que ocurrieron las cosas. Frgmento de la novela Vidas Divergentes |
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