FRAGMENTO DE UNA NOVELA


VIDAS DIVERGENTES



El bautizo de Liberata


    El día que llevaron a la niña a bautizar era un dieciocho de enero y hacía poco que terminara la Gran Guerra.  Creo que eso ocurrió cuando empezaron las conversaciones para la Conferencia de Paz de Versalles.  Pero ya nadie se acuerda de eso y yo mismo lo sé porque leí algo sobre esto en un periódico.  Por aquel entonces, todos estaban pasmados de aquellas horribles matanzas en la dulce Francia.  Por eso se decía que esta sería la última Gran Guerra y que nunca más volvería a ocurrir nada semejante.  Es como si estuvieran arrepentidos de tanta carnicería.

    Mientras el cura se preparaba para el bautizo y se ponía sus ropas sagradas, no pensaba para nada en aquellas matanzas.  Me imagino que no había leído los periódicos.  O quizá sería que aquella guerra le quedaba muy lejos o que no afectaba para nada a los curas.  Creo que no se había enterado.  Él iba a lo suyo; a las cosas de su ministerio. 

Bueno, pues llevaban allí un rato esperando cuando apareció el cura con todos sus atavíos ceremoniales y un monaguillo.  Miró con autoridad a los presentes, emitió unas toses para pedir atención y les dijo sin previo aviso: 

-Nada de ponerle a esta niña nombres compuestos de María. 

La gente se quedó muda por la sorpresa y los iluminó diciendo:

-Ya hay demasiadas Marías en la parroquia.

La mudez de todos se hacía eterna.

-La niña llevará un nombre de acuerdo con el santoral de este día.  De modo que se llamará Liberata que fue virgen. 

Los familiares protestaron en voz baja; pero lo hicieron sin mucho ardor, pues no se habían puesto de acuerdo para poner un nombre a la niña.  Viendo las dudas, el cura aprovechó la ventaja y añadió:

-Si no les gusta el nombre de Liberata le podemos poner Prisca que fue virgen y mártir. 

-¡...!

-Veo que les parece un nombre raro.

Hubo un silencio macizo.  Y el cura aprovechó para seguir argumentando. 

-No creo que les guste ponerle el nombre de alguno de los santos varones de hoy. 

-¡...!

-Tenemos para elegir a Moseo y Amonio, que fueron soldados mártires. 

-¡...!

-Otro santo es Volusiano, que fue obispo.

-¡...!

-Tenemos a Deícola, que fue abad.

Se hizo una pausa molesta. 

Al ver el silencio provocado por sus palabras, el cura siguió diciendo.

-También tenemos a Atenógenes, que fue mártir;  o si lo prefieren...

El cura hizo una pausa para reforzar el efecto.

-Tenemos a Leobardo el Emparedado.  Santo este muy discreto, pero que tiene una merecida fama de milagroso. 

Cuando los asistentes vieron las alternativas, aceptaron de buen grado la inteligencia del cura.  No en vano era un hombre de carrera.  Así que se dieron cuenta que el nombre elegido, Liberata, era muy lindo y le quedaría muy bien a la criatura. 

 

Aunque los parientes de la niña eran lentos pensando, se dieron cuenta que no le iría bien a la criatura llamarse ni Mosea, ni Amonia.  Y no digamos nada sobre eso de Atenógena o Leobarda.  Ellos eran gente pobre, pero tenían un cierto sentido de la decencia.  O sea que hacían lo posible para no llamar la atención con excentricidades.

Y tenían razón.  Con un nombre tan raro de esos, no sería de extrañar que la niña acabara tirándose a un pozo o le diera por meterse a puta.  Pero mirando las cosas desde otra perspectiva, un pobre santo de estos, con estos nombres tan raros, al tener poca clientela dispondrían de más tiempo para proteger la virtud de la niña.  De modo que hasta podría inspirarla para meterse en un convento. 

Pero a pesar de todas estas ayudas celestiales, imagino que una niña bautizada, con un nombre de esos tan raros, terminaría por dejarse llevar de los consejos vanidosos de las monjitas veteranas.  Quiero decir que al hacer los votos, según dicta la costumbre, cambiaría su nombre, bastardo y primigenio, por otro mucho más noble y sonoro; podría ser un lindo ejemplo, Sor Inés de la Santísima Cruz.  Con lo que las monjitas mayores, tendrían el placer de llamarla Inesita, pues el nombre de Liberata tiene resonancias pecaminosas y librepensadoras.

 

Una vez aclarado el detalle de los nombres, el cura pasó a ejecutar la ceremonia.  Les dieron a los parientes unos cirios para que los sostuvieran encendidos en la mano derecha.  Cirios que representan la luz de los evangelios que iluminan las almas de los creyentes.  Luego, un monaguillo preguntó quien era padrino y se puso a su lado. 

El cura empezó a decir unos latines: 

- Credis in Deum Patrem omnipotentem,

El monaguillo le dio un codazo al padrino y le dijo:

-Tienes que decir: credo. 

-¿El qué? 

-Tienes que decir, credo.

-¿Cómo?

-Que lo digas, ¡caray!

-¿El que?

-Que digas la palabra “credo”.

-Credo.

El cura hacía muecas de impaciencia pero siguió:

-Credis in Creatorem coeli et terrae? 

-Di credo.  -Le dijo el monaguillo.

-Credo.

- Credis in Iesum Christum?

-Di credo.  -Repitió el monaguillo.

-Credo

-¿Credis in Spiritum Sanctum?

-Di credo, -le dijo el monaguillo.

-Credo.

-Liberata, vis baptizari?

El monaguillo le dio un codazo al padrino y le dijo:

-Debes decir, “volo”.

-Vuelo.

-Vuelo, no.  Debes decir “volo”.

-Bolo.

Entonces el cura fue derramando el agua bendita y recitando las palabras rituales:

-Liberata, Ego te baptizo in nomine Patris... et Filii... et Spiritus Sancti. 

 

La criatura se puso a llorar, tal vez debido a la frigidez del agua, pues estábamos en mes de enero y soplaba un viento húmedo del noroeste. 

La tierna criatura se calmó enseguida pues se dio cuenta que los espíritus del mal salieron huyendo de su cabeza tras el enfriamiento sufrido por la virtud de las aguas bautismales.

Así que terminó la ceremonia, el monaguillo apagó los cirios y el cura les dijo a los familiares de la niña:  Pasen por la sacristía para escribir en el libro.  El cura anotó en el libro los nombres de la criatura, del padre, la madre, el padrino y los testigos.  Estos firmaron con un breve garabato o una cruz y el cura les dijo:  “Pueden marcharse”.

No estuve en el bautizo de Liberata porque aún no había nacido.   Pero así es como cuento esta historia.  Así es como me imagino que ocurrieron las cosas. 

Leopoldo Perdomo

Frgmento de la novela Vidas Divergentes



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