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By Jon Aiworth
ÍNDICE
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Personajes Johny McKorman,
este
personaje se declara culpable. Artefactos: VIGI:
Computador que analiza la presencia de cada individuo en el lugar que
debe estar en cada momento. Así como las anomalías del
ambiente social.
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Charla con un extraño |
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Encuentro con Fidelio
Por la mañana Johny no podía seguir durmiendo. Había conseguido dormir algunas horas con episodios de pesadillas y escalofríos. Ahora le dolían todos los huesos y decidió que era una tortura seguir echado en el suelo. El cubículo sin calefacción estaba tan frío como una nevera y decidió irse a caminar. Salió a la calle. El día ya clareaba ligeramente y la multitud disciplinada se dirigía con paso ligero a las entradas del metro. A esa hora de la mañana circulaban casi todos los camiones de reparto y los autobuses. Podías ver en ocasiones el coche de algún jefe, atrapado en el tráfico y preocupado por no llegar a tiempo a su puesto de trabajo. La sociedad se había vuelto muy obsesiva con la productividad y la ética laboral, de modo que ni siquiera los directivos o los gestores se podían tomar la licencia de llegar cinco minutos tarde al trabajo. Por unas pocas faltas de ese tipo a un directivo le podían enviar a una clínica para reparar su conducta averiada. Eso solía ser un borrón vergonzoso en el expediente de cualquier director. Los directores debían ser puntuales a toda costa. A esta hora la gente marchaba rauda con el
piloto
automático. No se podía decir que aún siguiera
dormida, pero realmente su cerebro funcionaba solo al siete o al diez
por ciento. Este es un estado que se conoce como semi-vigilia. Podemos
decir que la gente va parcialmente dormida en dirección
a las sótanos del metro. De modo que sus semblantes mostraban
una máscara de somnolencia. Y todo el tiempo van así
en el tren, hasta llegar a la estación que tienen como
destino. Pero, luego, cuando faltan diez o veinte metros para entrar
al centro de trabajo, sus constantes vitales se normalizan, su mirada
se vuelve atenta, el pulso se acelera lo justo, y su presión
arterial asciende a la normalidad. Si alguien hubiera entrado con
signos circulatorios anormales, los detectores hubieran dado la
alarma. Al oír el pitido, esa persona sabe que ha llamado la
atención. Se le bloquea el paso y se le conduce en dirección
al servicio médico, donde le hacen un chequeo. Al llegar a la
entrada, las cámaras gravan nuestra cara, el ecómetro
nos lee las constantes circulatorias, y el olfabot nos chequea los
efluvios corporales. Cualquier anormalidad queda registrada al
instante. Johny deambulaba por la calle con el piloto automático, pero el ritmo de su marcha era lento y cansino. Esta marcha contrastaba con la marcha más rápida de la gente que se dirigía a las entradas del metro. El ritmo de Johny no llamaba la atención de los viandantes pues nadie se molestaba en observarle. Para eso ya estaban las cámaras. Ni siquiera la presencia de un hombre tirado en la calle, fuera muerto o dormido, les hubiera llamado la atención. Para la gente normal, no tenía sentido en fijarse en los detalles anodinos, pues ya el estado se encarga de estos problemas. Un hombre tirado en la calle no hubiera durado en ese estado más de tres o cinco minutos. Para eso existe un programa
que presta una atención eficiente a todo lo que ocurre en la
ciudad, por medio de unas trescientas mil cámaras situadas en
las vías públicas de la ciudad y millón y medio
más en las zonas interiores, tanto públicas como
privadas. Un programa llamado VIGI , abreviatura de vigilante,
analiza en horas punta
más de doscientas mil imágenes
por segundo; lo que proporciona más de doce millones de
identificaciones por minuto. Todo esto ocurre en tiempo real. Es un
computador de gran potencia refrigerado por helio. Nada se queda
oculto a los ojos de VIGI. Las imágenes consideradas anómalas
generan alarmas de actuación inmediata. Un nutrido equipo de
especialistas acude con helicópteros al lugar indicado
equipado con instrumentos de precisión para aclarar lo
ocurrido en pocos minutos. Johny McKorman se pasó las horas
deambulando sin rumbo y fue siendo rastreado desde una cámara
a la siguiente sin problemas.
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Charla en el ‘parlatorio’.Jueves, 5 de Abril, Año 75 de la Nueva Era
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Los libros antiguos
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Varios FragmentosLas zonas deshabitadas< La parte que sigue debe estar relacionada con un cursillo. < Se dice que los antiguos, millones de ellos, vivían diseminados en estas zonas deshabitadas. Los zorros, lobos y otras fieras salvajes acechaban de noche alrededor de las casas de los humanos buscando comida. De cuando en cuando los lobos salvajes devoraban a lobos domésticos que la gente tenía en los jardines de sus casas. Pues los antiguos tenían una rara fascinación por los animales salvajes, lo que probablemente era sentimiento arcaico, de cuando los hombres eran igual de salvajes que los cuadrúpedos. Es decir, hubo un tiempo en que los humanos primitivos cazaban animales con flechas y lanzas. También recolectaban de bayas, raíces tuberosas de plantas salvajes y los frutos de los árboles. Los lobos domésticos advertían a los hombres antiguos con sus gritos de alarma, denunciando la presencia de fieras salvajes al acecho. Pero no era raro que los lobos salvajes o los osos devoraran a los lobos que vivían junto a las casas de los humanos, especialmente en los meses de invierno. Con frecuencia las fieras devoraban igualmente a los cachorros humanos. Pues habéis de saber que los antiguos tenían a sus cachorros viviendo con ellos en sus cabañas como si fuera la cosa más natural del mundo. Esta aberración es algo de lo que hemos sido liberados gracias a la civilización tan avanzada que tenemos. Hemos comprendido que para fabricar y alimentar a los cachorros humanos de un modo eficiente y perfecto, lo mejor es dejarlo al cargo de personas especializadas. Esto es lo que se hace en las colonias reproductoras donde se fabrican nuevos seres humanos continuamente y en las guarderías cuidan de esos cachorros con gran eficacia en esta fase de su vida que da mucho trabajo. Ocurre que la inteligencia de los humanos en esta fase temprana de la existencia no les permite alimentarse por sí mismos. De modo que no pueden ir a la escuela hasta que no saben comer solos delante de un plato y hasta que no sean capaces de andar de un lado para otro sin caerse al suelo. Me dieron a leer un informe donde declaraba que todas estas praderas, y estos bosques, estaban llenos de casas muy grandes donde vivían tres o cinco personas. Esto les causaba grandes fricciones entre ellos, pues esta convivencia forzada les provocada un espíritu muy agresivo. Esta es una de las razones que explican la extrema belicosidad de los antiguos. Nosotros, por el contrario, somos unos seres pacíficos y tranquilos, debido a que cada uno vive en su propio cubil, o cubículo, y este estrés debido al hacinamiento solo lo sentimos en las horas de trabajo y en los transportes públicos. Es en estos transportes precisamente, cuando sufrimos más angustia, porque los trenes van abarrotados de gente y es una sensación muy desagradable, sentir tu cuerpo presionado por los cuerpos de otras personas. Por fortuna el viaje dura poco, y al fin respiramos aliviados en el trabajo porque existe una mayor distancia entre las personas. En las oficinas no puedes evitar el rozar a alguien con el codo al pasar, o sentir que alguien nos roza igualmente al pasar de un sitio a otro. Esto resulta muy angustioso y nos provoca reacciones de hostilidad contenida. Es decir que no podemos manifestar objetivamente nuestro enfado pues podríamos vernos metidos en problemas. Lo más que se puede tolerar es un ligero gesto de fastidio cuando alguien nos roza. También ocurre que no nos agradan nada los olores corporales de los demás, pues esto suele ser desagradable. Definitivamente, somos muy afortunados al poder pasar unas cuantas horas descansando solos en nuestro propio cubil, sin que tener que soportar el olor de los demás con una proximidad ofensiva. < < < < |
Informe sobre La Gran Guerra.
Apareció el profesor. Era un ser vestido de un modo un tanto extraño e imponente, con un extraño traje de tejido muy grueso, de color muy oscuro iluminado por algunas franjas de colores verde y naranja. Y la extrañeza provocada por la rara vestimenta del profesor, quedaba reforzada por la abundante acumulación de pelos en su barbilla. El hecho de que esta persona no fuera rasurada como todo el mundo, ya decía mucho sobre la personalidad anormal de este profesor. No le habrían permitido mostrar estos signos de excentricidad si no fuera un ser extraordinario. A cualquier persona ordinaria ya le habrían enviado a una clínica de rectificado de la conducta solo por no afeitarse diariamente, o por no llevar la indumentaria propia de su categoría. < − Buenas, soy el Dr. DeWaltman, John John. Y tengo por misión en esta clase hablaros de algo... algo... El profesor se detuvo, como para causar más impresión a los alumnos. − Debo advertiros que sobre el contenido de esta clase no se darán notas escritas. Todo lo que se diga en esta clase es solo para vuestros oídos. Y no será tampoco para vuestros labios, pues se trata de un material muy sensible y “secreto”. Todos quedaron impresionados con esta palabra incomprensible. − La palabra “secreto” es desconocida. Esto es debido a que vivimos en una sociedad transparente. ¡Por el ojo divino! − ¡Por el ojo divino! − Murmuramos todos. − Secreto es... una palabra de los antiguos. Todos sentimos una especie de escalofrío en nuestro espinazo, pues sobre las cosas de los antiguos era preferible no saber nada. Sin embargo, ya que estábamos obligados a enterarnos, nos sentíamos muy excitados con la perspectiva de saber algo sobre los antiguos. − Y, por este motivo, − dijo el profesor, − os voy a contar algo sobre el pasado. Eso significa que no podréis contar nada de lo que oigáis aquí, ni podéis tomar notas. Y no podéis hacerlo, por causa de que... esta materia trata de un asunto en extremo peligroso llamado... “historia”. Esta es una de esas palabras que se extinguieron tras La Gran Guerra. El conocimiento del pasado fue declarado extinto, y por eso se destruyeron todos los libros que que no fueran estrictamente técnicos o científicos. El profesor DeWaltman estaba nervioso. Hizo una pausa, se acarició los extraordinarios pelos, que le salían en el mentón de su cara y luego tomó un sorbo de agua. − Como agentes del gobierno vais a ser informados de ciertos asuntos relativos al “pasado”. Se supone que un poco de conocimiento de conocimiento sobre el pasado puede ayudaros a entender cuales son males que acechan a nuestra sociedad. Estos males no vienen de nosotros mismos, no vienen de nuestras propias instituciones, ni de nuestros ciudadanos. Los males que tratamos de identificar y destruir nos vienen directamente del pasado. Provienen de agentes extranjeros que viven aún en el pasado. Y el conocimiento detallado del pasado se conoce con una palabra que no se puede mencionar, “historia”. El profesor hizo una pausa para acariciarse los pelos del mentón. (seguir con el desarrollo de la presentación) < < < − Se dice que una sociedad con manía logorreica es una plaga para la economía de las naciones. Por eso hemos reducido estos males a su mínima expresión. En el tiempo de los antiguos, esta manía parlatoria fue la causa de mortíferas guerras. El profesor hizo una pausa para tomar agua. − Sin embargo, aunque el parloteo era sin duda una plaga, no es seguro que La Gran Guerra ocurriera por causa del parloteo político. El consenso actual de los estudiosos, es que la Gran Guerra ocurrió por causa de lo caro que se puso el petróleo. Todos ansiaban tener un control sobre ese producto cada vez más escaso. Y este deseo de control era una tentación imposible resistir. A mil dólares el barril, se había disparado la inflación a la estratosfera y el precio de la comida se puso igualmente por las nubes. Estábamos sorprendidos de estas expresiones raras, inflación a la estratosfera, y lo de la comida por las nubes. El profesor vio el asombro que causaban sus palabras. − Estas frases chocantes proceden directamente del pasado. Y los agentes enemigos aún las usan. Aprenderéis algunas nociones de lenguaje antiguo, debido a que a los enemigos de nuestra sociedad hablan una lengua llena de vocablos antiguos que han quedado en desuso en este país. El profesor hizo una pausa, para intentar concentrarse, pues estaba claro que se había desviado del tema que inició su exposición. − Debido a la crisis del petróleo los transportes públicos se habían puesto muy caros. Pero la parte peor afectó a los cereales que se habían puesto a unos precios nunca vistos. Todo esto ocurrió porque la comida barata, era consecuencia del uso intensivo de máquinas que funcionan con derivados del petróleo. Todos nos quedamos sorprendidos de oír esto. − Ya no era posible alimentar al ganado con piensos, ni a las gallinas, a los cerdos o los pollos que se convirtieron en comida para gente rica. Y los huevos en una delicia fuera del alcance de la gente corriente. < Nadie consideraba una noticia ni un problema que en África o en América Latina, la gente se estuviera muriendo de hambre. El problema más serio, para nosotros era que la gente ya no podía comer carne, ni huevos, y la gente se gastaba su gran parte de su paga en comprar coles y patatas. Los presentes no entendíamos este lenguaje. Empezábamos a ver que la historia era una materia muy enrevesada, llena de palabras extintas. Al ver nuestra cara de atontamiento, el profesor se dio cuenta de que no entendíamos nada de lo que decía. − Veo que no conseguís entender mis palabras. Por eso os voy a proyectar sobre una pantalla unas imágenes sobre el pasado, para que podáis entender todo esto de la comida. Se apagaron las luces y una pantalla se iluminó con unas imágenes parecidas a las de la televisión. Se veían personas antiguas en fila, para comprar comida. Estaba claro que era gente antigua por la forma irregular que tenían de vestirse, todas de cualquier manera, usaban ropas de muchos colores y formas, de modo que no tenían el menor sentido de la uniformidad. Se escuchaba la voz de profesor DeWaltman, diciendo, − El elevado costo de los transportes hizo que el estado se hiciera cargo de repartir la comida a la gente. Observe que esas personas presentan una tarjeta, que les da derecho a cierta cantidad de comida. Fíjense que al llegar a la cabeza de la fila, cada persona antigua recibe dos bolas verdes de comida en una bolsa de malla, y en otra bolsa pueden ver unas bolas pequeñas de color marrón. Las bolas grandes se llaman “coles”, y las bolas pequeñas se llaman “patatas”. Y es que los antiguos no comían en comedores comunales como la gente civilizada, sino que cada persona se preparaba su propia comida a partir de ingredientes naturales. Algunos alborotadores estaban irritados porque solo les daban bolas verdes, coles, y esas patatas. Ustedes, como habitantes urbanos, no habéis visto nunca estos productos, y aunque los coméis con cierta frecuencia, pues no trabajáis en la agricultura, ni en las cocinas. < La imagen dejó a un lado las colas de la gente, y se vio una persona dividiendo en partes pequeñas la bola verde. Luego metían todo aquello verde y las bolas marrones en un recipiente con agua. − Esto que hace ese antiguo se llama preparar la comida. Y a cualquier persona que trabaje en el departamento de alimentación, es una imagen que reconoce sin dificultades. Los antiguos se preparaban su propia comida en su casa con un dispositivo ingenioso llamado cocina. Esta palabra, cocina, es poco conocida. Hoy solo entienden de cocina los especialistas que se encargan de hacer la comida que comemos cada día. Las imágenes pasaron a las calles de los antiguos, que tenían una apariencia muy extraña y estaban llenas de gente que daba gritos sincronizados y agitaba unos tableros con palabras escritas. − Aquí vemos a miles de personas antiguas protestando porque están sin trabajo. Y esperan que el gobierno les pague un salario por no trabajar. Pero son tantos millones que el estado no tiene dinero para resolver este problema. La imagen cambió a un comedor muy grande. La gente se ponía en fila y pasaba por delante de un gran recipiente. Una mujer gruesa, sacaba una cuchara grande del recipiente y le ponía una cantidad de papilla blanca sobre un plato metálico a cada persona. El profesor, se puso a informar del significado de esas imágenes. − Mucha gente no tenía tarjeta para el reparto de comida. Y el estado creo unos comedores colectivos para alimentarlos. Eso blanco que le ponen en el plato, es algo obtenido a partir de unas semillas llamadas cereales, palabra que habréis oído mencionar en la escuela. De esos granos, se obtiene un polvo blanco como harina en la industria de la alimentación. O sea de esos granos se obtiene un polvo blanco que se mezcla con agua y se obtiene de este modo tan simple un alimento muy nutritivo. < La imágenes volvieron a mostrar una calle muy ancha llena de gente que daba gritos y mostraba unos tableros blancos con palabras escritas. El profesor se puso a traducir el significado de aquellas imágenes. − La gente esta gritando que quieren comida y trabajo. Una secta supersticiosa conocida como “los marxistas” animaba a la gente a protestar. Y les decía a la gente que solo protestando se podían solucionar sus problemas. Esas voces que gritan, es como un canto. No se entienden muy bien sus voces, pues hablan en un dialecto antiguo. Gritan una extraña canción de guerra, “el pueblo unido, jamás será vencido”. El profesor se acarició los pelos del mentón y siguió diciendo, − Esta secta marxista era muy virulenta. Asaltaron un centro de policía y se hicieron con armas, de modo que iban asaltando los centros donde el estado había almacenado la comida y se ponía a repartirla sin con el menor control. Las imágenes mostraban a unas personas antiguas disparando sus armas al aire. Se oían filas de ruidos repetidos, ta, ta, ta, tac. Y se volvieron a ver, las muchedumbres gritando las canciones de guerra, “el pueblo unido, jamás será vencido.” − No hace falta mucho alboroto para asustar a un gobierno en crisis. − Dijo el profesor. Las imágenes mostraba a la gente mirando hacia el cielo, y se oyó un ruido muy poderoso de aparatos. La cámara enfocó al cielo y se vieron unos aparatos de guerra que volaban despacio y empezaron a disparar unos ruidos horribles repetidos. Ve vio a la gente cayendo al suelo, y pronto se fueron desapareciendo los que aún podían correr. − Los helicópteros dispararon sus ametralladoras contra la muchedumbre que gritaba. Y al cabo de unos minutos solo quedaron esos muertos y heridos que se ven tirados en el suelo. Los helicópteros fueron buscando más gente por las calles, y los fueron ametrallando hasta que ya nadie más estuvo alborotando. Luego, se vio otra escena en la que mucha gente bloqueaba una calle. Y una especie de automóvil muy grande, todo cubierto de planchas de hierro, avanzaba por la calle, para enfrentar a la gente. Un hombre vestido de verde portaba un extraño artefacto delante de su cara y daba voces a la gente. − ¡Dispersaos de inmediato! ¡Se ha declarado el estado de guerra! La voz que se oyó era muy potente y daba miedo pero no sabíamos su significado. Parecía salir de un objeto circular que casi ocultaba la cara del hombre vestido de verde. Aquella escena era tan extraña que estaba claro que se trataba de los antiguos seres humanos. El profesor De Waltman hizo una pausa y siguió, − Eso que ven ahí es un carro blindado usado en las guerras, y ese hombre con el artefacto magafónico, es un oficial del ejército. El profesor hizo una pausa, para que nos fijáramos en esa cosa tan grande que se veía en la pantalla. −Observen que el oficial del carro usa un aparato llamado me-gá-fono para aumentar la potencia de su voz. Este aparato puede incrementar la fuerza de la voz en unos 70 decibelios. Potencia suficiente para causar espanto a cualquier persona normal. Pero estamos viendo en este documental que la gente antigua tenía un gran espíritu irracional y no se amedrentaba, pues era famosa por su proverbial rebeldía. − ¿Re-be-lía? ¿Qué es eso? − No se dice re-be-lía, sino re-bel-día. Pero esta es una buena pregunta. Porque, afortunadamente, ese concepto no existe en el mundo perfecto que hemos creado. La re-bel-día era una enfermedad recurrente de los antiguos. Al acabar las guerras, todos los rebeldes ya estaban más o menos exterminados. El profesor miró a la audiencia con justificado orgullo, al ver que el auditorio no le entendía. − Estaban más o menos exterminados. Eso quiere decir que con motivo de las guerras, los rebeldes se morían hasta el punto casi de desaparecer. Es decir que se morían por esa enfermedad llamada rebeldía. Pero poco a poco, al cabo de unos pocos decenios, con la paz volvían a criarse nuevos rebeldes, por lo cual se empezaban nuevas guerras. De modo que el mundo estaba muy bien al acabar una guerra, para volver a empeorar años más tarde con el renacimiento de nuevos rebeldes. Ese era el mundo de los antiguos. − No tengo idea de lo que es la gue-rra. El profesor miró al alumno. − ¿Cómo te llamas? − René Watson, señor. − Has hecho una atinada pregunta, camarada Watson. Es lógico que no sepas lo que es la guerra. Esas cosas no se estudian en el currículo escolar. Una guerra es... es como una epidemia que genera una gran mortalidad. Los antiguos... criaban a sus cachorros igual que las fieras de nuestros bosques. Y el mundo andaba siempre en crisis por el exceso de población. El exceso de densidad humana daba lugar a la escasez de comida. Mucha gente carecía de un cubículo propio para guarecerse. Por lo que la gente tenía que compartir sus cubículos con otra gente. Y estos cuartos o cubículos, eran malsanos, estaban llenos de miasmas deletéreos, un exceso de personas todas juntas respirando todas un mismo aire viciado y aspirando el olor corporal de todos por la mala ventilación. < Yo tampoco tenía claro lo que significaban esas palabras, “estado de guerra”. Pues en el mundo civilizado que hoy disfrutamos tal cosa no existe. Tengo la vaga noción de que la guerra es una cosa muy mala motivo por el que en este mundo no se menciona. Debe ser porque es palabra nos debe causar un sensación de vergüenza. Debe ser una palabra indecente, por lo que no se habla de ella en la escuela. Esa cosa debe ser algo horrible. Mucho peor que si te declaran esclavo en un juicio, y te envían al retraining, como le pasó al pobre Johny. Todos los asistentes al curso estábamos impresionados al ver en la pantalla como eran los efectos del estado de guerra. Se oía el ruido continuo y eso debe ser lo que el profesor le llamaba ametrallar. Muchos ruidos de gran potencia repetidos. El profesor estaba dispuesto a informarnos del significado de lo que estábamos viendo en la pantalla. − El “ame-tra-lla-miento” consiste en lanzar a gran velocidad unos diminutos cilindros de “plo-mo”. Este plomo es un metal de escasa utilidad hoy día, pero que muy importante para los antiguos, pues se usaba mucho en las guerras. Esos cilindros de plomo tienen una masa de diez gramos, y salen del cañón con una velocidad de 450 metros por segundo. Motivo por el cual producen un gran ruido, pues salen a 1,3 veces la velocidad del sonido. Es decir, estos trozos de metal salen con una energía de mil julios. Lo cual es mucha energía para un pequeño trozo de metal de escaso valor. Un ingenioso dispositivo mecánico hace salir a esos trozos de metal a gran velocidad, por lo cual se dice que ame-tra-llan. Vocablo en desuso hoy día, pues todos vivimos pacíficamente. Esos dispositivos mecánicos lanzan 60 cilindros de plomo cada minuto. Es decir, seis lanzamientos en un segundo. Y es de tener en cuenta, que uno solo de esos plomos, tiene demasiada energía para un hombre antiguo, ignorante; un hombre que se rebela sin saber las consecuencias de su conducta. Según parece, este procedimiento de ametrallar era el más idóneo para detener a los rebeldes irracionales, gente antigua. < Yo quedé muy impresionado con todos esos datos, pero no sabía que hacer con ellos. Por mi profesión solo estudié asuntos burocráticos y contables. Mis ojos estaban atentos a la pantalla donde se veía a la gente antigua que se caía al suelo de una manera muy tonta, y algunos estaban echando una sustancia liquida de color rojo oscuro. Eso debía ser lo que se llama “la sangre”, una substancia roja que llevamos por dentro del cuerpo y que debe ser como un líquido refrigerante. En la pantalla, la gente seguía cayendo al suelo debido al efecto de la metralla sobre su conducta desobediente. Pero se podía ver que algunos de las partes más alejadas de la aglomeración ya salían corriendo por las calles laterales. Esto ya de por sí, nos daba la idea de que esos antiguos habían recapacitado, aunque solo fuera un poco. Es decir, que algunos ya tenían conciencia de lo que les iba a ocurrir por causa de su conducta delictiva, y por eso huían ante los disparos del automóvil gigante. Y los que se caían al suelo ya no se levantaban más, y el automóvil pasaba por encima de aquellos pobres salvajes que no supieron obedecer a la autoridad cuando aún estaban a tiempo. − La secta de los filósofos marxistas − dijo el profesor, − creyeron que había llegado el colapso del capitalismo. Y en cierto sentido tenían razón. El mundo antiguo se moría súbitamente en una ataque de locura gracias a un sutil intercambio de proyectiles nucleares. No le entendía una palabra al profesor. Y parece que este fue consciente de nuestra ignorancia, por lo que añadió. − Los proyectiles nucleares son... algo parecido a... algo parecido a una ametralladora, pero es de un tamaño mucho mayor. Pues los disparos no son proyectiles tan pequeños como 10 gramos de plomo, sino que se lanzan de una vez, unos cilindros de fuego que portan varias toneladas de uranio o de plutonio, de cada vez. Y estas masas producen una gran cantidad de energía. Tanta energía como varios cientos de Peta julios en un instante. Una cantidad tal que no podéis imaginar ya que tales números solo se enseñan a unos pocos en escuelas especiales. Y con esos disparos, ya no aniquilas a una multitud de rebeldes, sino se destruyen totalmente ciudades gigantes como Teherán, El Cairo, Caracas, México, Buenos Aires, Delhi, Bagdad, etc. Todas ellas ciudades de las que nunca habéis oído hablar, pues el ser humano no debe saber más de lo que puede abarcar en su limitado cerebro. El eceso de información satura los procesadores lógicos. El profesor DeWaltman nos miró satisfecho al ver que no habíamos entendido casi nada de lo que había dicho. Y eso le ratificaba en la extraordinaria inteligencia del sistema educativo. Al ver nuestra cara estupefacta se dio cuenta de que el sistema social era invulnerable. Las cosas estaban en orden para prevenir males mayores. Pues el conocimiento excesivo se puede usar fácilmente con fines nocivos y solo nos traen la muerte y la destrucción. Estábamos impresionados de lo poco que entendíamos al profesor. Estaba claro que el mundo de los antiguos era muy complicado, estaba todo plagado de ametrallamientos, cilindros de plomo llenos de energía capaces de matar a un rebelde con una enfermedad incurable. Y luego, estaba todo eso de los cilindros cargados de esos metales extraños capaces de producir millones y más millones de julios de energía atómica, que no podemos comprender porque solo hemos estudiado contabilidad y administración burocrática. Me di cuenta de que era un afortunado por vivir en un mundo pacífico. Un mundo en el que no era necesario ametrallar a nadie pues la gente no era ya desobediente. Y si alguno se desvía del camino recto se le envia al retraining para reparar su conducta ligeramente torcida. El profesor DeWaltman se rascó la barbilla nerviosamente y siguió diciendo. − Supongo que todos tenéis una ligera idea de lo que puede ser una guerra. Pues esa ligera idea que tenéis de algo malo y terrible que se supone que es, y eso solo es algo así como un Kilo julio de energía. Bueno, pues tenéis que multiplicar esa idea por diez elevado a quince, y eso será una guerra verdadera. Es decir, una catástrofe de muchos Exa julios. Creo que los de los Exa julios no lo teníamos claro, aunque, como dijo el profesor, la palabra tenía relación con una catástrofe. < La clase de ese día se terminó y fuimos a un campo de deporte a correr un poco, pues algunos estábamos muy flojos, pues trabajábamos en una oficina. Otros justo acababan de hacer estudios superiores. < |
La misión de Rewardo< Me entregaron un sobre que decía, para Rewardo Chabloski. Era de sir Alistair que quería verme en su despacho. − Bueno, querido Rewardo. Está usted a punto de acabar el curso de iniciación para trabajar en el servicio federal de inteligencia. Mañana se desplazará en tren hasta una base agrícola que tenemos a unas cien millas de aquí. Allí se va a familiarizar con un tipo de conocimientos que serán necesarios para su misión.
xxxxxxxxxxxxxx Los inmigrantes melaninos eran con frecuencia apaleados por las turbas salvajes y aparecían muertos por los callejones. Por eso, los inmigrantes, o la gente con excesiva pigmentación, huyeron de las ciudades para morirse de hambre en los campos. Murieron simplemente de hambre, sin temor a que los mataran a palos y a patadas. < Los campesinos vigilaban noche y día sus huertos de patatas y coles con bates de béisbol y escopetas. Las calles de noche se volvieron muy peligrosas, pues no disponían de luz. Y la guardia nacional salía de patrulla por las noches con la misión de ejecutar a los que no respetaban el toque de queda. Esto generó algunos problemas pues no era raro que las patrullas se exterminaran unas a otras, con fuego de metralleta. Esta era un arma de los antiguos que disparaba ciento veinte fragmentos de metal por minuto. Hubo que tomar medidas. Algunos parados emprendedores construyeron “rishaws” que el gobierno ignoró durante un tiempo. Con estos carritos ligeros, hechos con ruedas de bicicleta y madera contrachapada, trataban de llevar al trabajo a los privilegiados que aún cobraban un suculento salario. Con lo que ahorraban del transporte público más un pequeño suplemento, se podía presumir como si fueras un pequeño potentado. Se decía en voz baja que alguna gente se moría de hambre. De este modo, con tu cupón diario para comer una gachas, te sentías un privilegiado. Ya no se podían dar de comer a ocho mil millones de habitantes en este planeta. Los precios de la comida barata, cabalgaban sobre el petroleo que era muy barato. Nadie se daba cuenta que la prosperidad del siglo XX era debida al precio tan bajo del petroleo. y que
era
necesario aliviar a la madre tierra de este horrible carga de bocas
hambrientas. La solución fue tajante y dolorosa. Pero, era
inmoral prolongar la agonía de la gente. |
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